Miembros del campamento Tamul durante las labores de monitoreo

Miembros del campamento Tamul durante las labores de monitoreo

Con un registro de más de 10 mil nidos protegidos y 973 mil 147 crías liberadas en un periodo de ocho años, el “Programa Integral de Protección a la Tortuga Marina” de la Fundación Palace es un caso de éxito imitado por otros empresas, debido al beneficio ambiental como por su impacto entre las acciones de responsabilidad corporativa de una marca.
Desde 2006 iniciaron las actividades para consolidar un equipo de biólogos dedicados no solo a las labores de protección de la especie, sino también a las actividades dirigidas a tanto personas de la empresa como huéspedes tomen conciencia acerca del valor de permitir que las tortugas cumplan su ciclo de anidación costas libres de obstáculos y de depredadores.
La labor principal se realiza en nueve kilómetros de playa desde el parque Wet and Will al final de la zona hotelera de Cancún, hasta Bahía Petempich.
El campamento Tamul, donde se reguardan los huevos de las diferentes especies que anidan en el área se encuentra a la altura del hotel Moon Palace. Asimismo otros hoteles de la marca Palace como son Le Blanc, Sun Palace, Beach Palace ubicados en la zona hotelera de Cancún cuenta con corrales que permiten resguardar hasta 300 nidos, de acuerdo con Gerardo Castañeda Ramírez, coordinador del Comité Ambiental de la Fundación Palace.
Durante el primer año de labores el número de nidos protegidos no rebasó los 40, durante la última temporada correspondiente a 2013, la cifra fue de dos mil nidos y 170 mil crías liberadas.
Los seis biólogos que durante la temporada de anidación forman parte del programa dedican tiempo y esfuerzo a las pláticas de capacitación al personal sobre la especie, así como enlace con escuelas y universidades para la liberación de tortugas. Sin embargo, la labor que exige mayor dedicación es el monitoreo nocturno en la costa, una jornada extenuante que consiste en detectar la presencia de tortugas, esperar a que cumpla su ciclo de desove, hacer un registro fotográfico del quelonio y posteriormente desenterrar los huevos para trasladarlos cuando antes al corral de protección y evitar con ello la presencia de depredadores.
“En una noche hemos registrado hasta 40 tortugas. En ocasiones por la extensión de la playa no las vemos en el momento que están desovando sino que tenemos que leer los rastros que dejaron en la arena para saber dónde posiblemente se encuentra el nido y comenzar a buscar los huevos. Aunque muy agotadora es una labor gratificante, casi siempre amanece y aún estamos rescatando nidos”, comenta el biólogo.
Las especie con mayor registro de anidación en la zona es la Blanca o verde (Chelonia mydas), seguido de la Caguama, (Caretta caretta) y Carey (Eretmochelys imbricata), mientras que la especie Laud (Dermochelys coriácea) es poco vista, en promedio dos veces al año.
Gerardo Castañeda explica que el programa cuenta con autorización emitida por la Dirección Federal de Vida Silvestre adscrita a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales la Semarnat, en apego a la Norma 162 que rige el funcionamiento de los campamentos tortugueros en el país.
La anidación de mayo a finales de septiembre el trabajo es nocturno, desovan las protegen de depredadores, se encargan que cumplan el ciclo de desove, colectan los huevos los trasladan y realizan proyectos de investigación. “El promedio de desove es de 112 huevos por nido; en el campamento tenemos entre un 80 y 90% de eclosión exitosa”, agrega Castañeda.
Gracias a los programa de foto identificación y telemetría satelital las acciones pasan al plano de la investigación. El primero que consiste en tomar fotografía a la cabeza de cada tortuga, permite construir un registro del número de visitas de una tortuga al área monitoreada.
A la par, el proyecto de telemetría satelital probado inicialmente con dos tortugas, permitió conocer el desplazamiento de los ejemplares durante varios meses.