Vicente Ferreyra Acosta


Vaya pregunta, ¿no? Probablemente es de esas preguntas “de los 64 mil pesos”, en honor a aquel programa conducido en los 70’s por Pedro Ferriz Santacruz.
¿Se imaginan que alguien llegara a tener una conclusión sobre el número de cuartos que caben ahí? Se volvería famoso, un ícono, todos querrían contratarlo para que hiciera lo mismo en otros destinos, y sería algo así como encontrar el tesoro escondido, la metodología que todos estamos buscando.
Pero ¿qué creen? Eso no es posible; como en la vida, en el turismo las verdades absolutas no existen, y menos cuando hablamos de desarrollo sustentable.
Cuántos cuartos caben en una determinada área depende de muchas variables. Si lo vemos de forma simplista en función del espacio, si la Zona Hotelera de Cancún tiene 23 kilómetros de costa y 30,000 cuartos de hotel, y si Holbox de la punta oeste a Cabo Catoche tiene más de 30 kilómetros, probablemente si le caben varios miles.
Si, por otro lado, pensamos en temas de vulnerabilidad al cambio climático, aumento en el nivel del mar, exposición a tormentas y huracanes, tal vez a nadie se le ocurriría construir un solo cuarto en la zona, en especial siendo tan frágil.
Si consideramos temas de mercado, por supuesto que caben muchísimos; si México pretende llegar al lugar 5 en llegada de turistas a nivel mundial, eso implica que tenemos que rebasar por mucho los 15 millones de visitantes en Quintana Roo, y para ello, habrá que construir muchos muchos más cuartos de hotel de los que hay ahora. Así que para el mercado serían necesarios.
Pero si pensamos en un tema de Manejo Integrado de la Zona Costera y de impactos acumulativos, y el estado de Quintana Roo tendrá muy pronto 130,000 cuartos de hotel, probablemente no necesitemos más, y menos en una zona que se ha mantenido con un bajo impacto ambiental y que puede diferenciarse de otros destinos.
Y así podemos ir agregando o quitando variables, y podremos estar en la discusión de cuanto es mucho o cuanto es poco para una zona; ahora, si contratamos a una empresa extranjera y le pagamos 11 millones de pesos por determinar un número, pues seguramente nos dirá lo que queremos oír, y entonces el número no depende de ninguna variable anterior, sino de quien pone el dinero y de lo que éste quiere escuchar.
Si nos vamos a las bases, y recordamos que el desarrollo se da en un Área Natural Protegida, y que el Decreto de esta tiene ciertas consideraciones, tal vez la pregunta sobre el número de cuartos sea la que menos importa.
Y me gustaría recuperar dos artículos del Decreto que me parecen importantes. El primero de ellos es el artículo Séptimo, que dice que “en el Área de Protección no se autorizará la fundación de nuevos centros de población”. Y entonces, ¿dónde viviría la gente que labore en los nuevos proyectos?, ¿no habrá en el concepto de los nuevos cuartos posibilidad de tener propiedad? Acabo de estar en Isla Chica, en Holbox, y créanme, no cabe un alma más. A menos que vivan a dos o tres horas y entonces volvamos a generar un modelo de turismo que beneficia a unos cuantos (turistas) en perjuicio de quienes deben ser los reales beneficiarios (la comunidad).
Y en ese sentido, recupero otro artículo que creo relevante: el artículo cuarto que dice “para la administración y desarrollo del Área de Protección de Flora y Fauna «Yum Balam», la Secretaría de Desarrollo Social propondrá la celebración de convenios de concertación con los sectores social y privado y con los habitantes del Área, con objeto de:

  1. Asegurar la protección de los ecosistemas de la región.
  2. Propiciar el desarrollo sustentable de la comunidad.
  3. Brindar asesoría a sus habitantes para el aprovechamiento racional y sostenible de los recursos naturales de la región.

Y quisiera centrar la discusión de ahora en adelante en el tema de “comunidad” y “habitantes”; ¿quiénes viven en Holbox?, ¿qué quieren los habitantes de su territorio?, ¿cuál es su visión a mediano y largo plazo?
Creo que es un ejercicio que tendríamos que hacer, antes (mucho antes) de preguntarnos cuántos cuartos caben y estarnos peleando por algunos miles más o miles menos; porque el turismo ha cambiado muchísimo, ya no estamos en el México de los 70’s donde las decisiones se tomaban en los territorios federales sin considerar a la población (que en muchos casos ni existía), y cuando el concepto de desarrollo sustentable todavía no salía a la luz.
Estamos en pleno Siglo XXI, con una agenda global al 2030 que cumplir, con acuerdos internacionales, con compromisos con la conservación y el desarrollo sustentable y, en especial, en una época donde no podemos seguir haciendo cosas pasando por encima de los demás.
¿Qué el municipio necesita recursos económicos para dotar de servicios lo que hoy tiene que gestionar? Pues, si le faltan recursos, creo que es porque le falta imaginación y un equipo que sea capaz de ver más allá del predial y los impuestos locales como herramienta de consecución de fondos. Hoy, estoy seguro, Lázaro Cárdenas (municipio donde se localiza Holbox) pudiera ser pionero en cambiar la dinámica de obtención de recursos para su desarrollo sustentable, porque los instrumentos existen. Podría dejar de estar pensando en que no hay otra forma de generar ingresos a las arcas que “hipotecando” su patrimonio natural: instrumentos como pago por servicios ambientales, instrumentos financieros, proyectos de adaptación basada en ecosistemas, carbono forestal y azul… Es decir, opciones hay, y una oportunidad de innovar en este tema, también.
Qué los inversionistas quieren recuperar su inversión, me parece adecuado, pero no construyendo miles de cuartos bajo modelos que ya se quedaron atrás; pareciera que los ejemplos de hoteles de muy alto poder adquisitivo y muy bajo impacto ambiental como los operados bajo la marca Cayuga o los Soneva, no han sido considerados en la ecuación, pero funcionan, y funcionan bien. Hay que cambiar el “business as usual”, pensar en cómo generamos valor a todos los involucrados, y cómo desarrollamos un negocio diferente al tradicional. Estoy seguro de que se podría, no me cabe duda de que Holbox tiene el potencial para ello.
En fin, hay mucho que escribir sobre este tema, y muchas reflexiones que hacer en qué tipo de preguntas nos hacemos y cómo debemos contestarlas.
Lo que sí puedo concluir de esta reflexión, es que la pregunta no es ¿cuántos cuartos le caben a Holbox? La pregunta es, ¿hacia dónde queremos llevar el desarrollo de la Isla? Y hay dos opciones: hacia la sustentabilidad o hacia la extinción, y esa es una respuesta que no podemos dar nosotros, requiere un trabajo con los pobladores locales para contestarla.
Postdata
Dos temas adicionales me preocupan, y seguro escribiré de ellos más adelante. La expansión de comercios, hoteles, posadas y demás en Holbox parece no tener control, lo mismo que las concesiones de zona federal para tener “clubes de playa”. ¿De verdad?, ¿en Holbox?
Otro es el tema del paisaje; el estudio de la empresa Santec dice que, además de los 9,000 cuartos en Holbox, se “pueden” construir 12,000 en Chiquilá. ¿Se imaginan eso en materia ambiental, y de urbanismo de este lado del continente?, ¿tienen conciencia de lo que significaría eso en cuestión paisajística?, ¿se visualizan estando en Holbox y viendo hacia el sur de la Laguna Conil y encontrándose con hoteles y una nueva ciudad? Playa del Carmen en los 90’s era el cruce a Cozumel, solamente, y hoy es una ciudad de 250,000 habitantes con serios problemas ambientales y sociales. ¿Queremos lo mismo para Chiquilá? Habrá que preguntarles a los habitantes también.
Vicente Ferreyra Acosta, director de Sustentur.