Si pidiéramos al común de la gente decidir entre visitar un zoológico o conocer un Jardín Botánico es muy probable que la primera opción sea la más votada, total, que puede tener de interesante un lugar de “seres inanimados” que no caminan, ni saltan a cambio de comida como sucede con los animales en cautiverio.
Esa indiferencia hacia la vegetación que nos rodea está conceptualizada y se llama ceguera vegetal, es decir, la inhabilidad de darnos cuenta o reconocer la importancia de las plantas en nuestra vida cotidiana. Sus efectos los encontramos en la ciudad.
Seguramente la ceguera vegetal fue la culpable de que hace unos meses, mis vecinos mutilaran un gran flamboyán que proveía de sombra a la casa; al verlo sentí una punzada en el pecho. ¿Les ha pasado?
Y hago referencia a esto porque quitarnos la ceguera vegetal sería una excelente manera de sumarnos a la celebración del 36 aniversario del Jardín Botánico Dr. Alfredo Barrera Marín. Entre los locales lo llamamos simplemente el Jardín Botánico de Puerto Morelos, por su ubicación en este puerto de pescadores convertido a la actividad turística, ubicado a media hora de su vecino Cancún.

Fue creado hace 36 años y cuenta entre sus anécdotas que cuando finalmente abrió sus puertas al público en 1988, fue severamente afectado por el huracán Gilberto. Luego de un periodo de recuperación de dos años pudo ser visitado nuevamente y permanece abierto a los visitantes bajo el cuidado del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur).
Se extiende sobre 65 hectáreas entre selva mediana subperennifolia y un espeso manglar que colinda con la costa, cada vez más ocupada por residencias y hoteles. Solo 14 hectáreas fueron ocupadas para la infraestructura básica para su funcionamiento con un diseño que respeta la vegetación original. Pero ¿qué se puede hacer en un jardín botánico?
La respuesta es visitarlo y adueñarse de él, en el sentido de hacerlo un espacio de convivencia en beneficio de la comunidad y como lugar de visitas guiadas para turistas. En dos kilómetros de senderos es posible conocer seis colecciones botánicas de especies ornamentales, palmas, medicinales, suculentas, helechos, y epífitas. ¿No sabes qué son? Una razón más para visitarlo.

Abierto al turismo, el jardín cuenta con un campamento chiclero donde los guías explican cómo se realiza la actividad de la extracción de la resina del árbol de Chicozapote, materia prima para la elaboración del chicle. Encontrarás también un espacio dedicado a enseñar sobre el uso medicinal que los mayas dan a las plantas. Otras instalaciones son el teatro al aire libre y la torre de observación desde donde se puede apreciar la zona de manglar cada vez más impactada por el crecimiento urbano.
Pero este jardín selvático no está habitado solo por plantas, también es hogar de una manada de monos araña que, cuando le agradas, parecen posar para la foto. Debido a la construcción de residencias alrededor del jardín y la falta de pasos de fauna, el número de estos especies terrestres va en descenso.
Cierro este recorrido con la invitación a vacunarnos contra la ceguera vegetal y ser capaces de reconocer el valor que las plantas tienen en nuestras vidas, les aseguro que visitar el Jardín Botánico de Puerto Morelos es un buen comienzo.
 
 
Texto y Fotos: Ángela Paredes / Coordinadora de contenidos de Sustentur