Vicente Ferreyra, Sustentur


Mucho se ha hablado desde el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales (aunque ya antes se conocía del proyecto) del ya famoso tren que uniría diversos puntos de la Península de Yucatán y llegaría hasta Palenque en Chiapas.
Y la verdad es que a mí la idea y lo que he escuchado del proyecto me emociona.
Estoy convencido que uno de los principales retos en la región es la movilidad: que por un lado, la carretera Cancún-Tulum está a punto de quedar rebasada con el crecimiento constante de la oferta hotelera, los empleos, la migración y el parque vehicular, y por otro, que para consolidar la oferta de turismo (en especial el comunitario y el de naturaleza) en la Península hace falta conectividad, que si bien se ha buscado desde lo aéreo, es aún insuficiente.
Y otro de los grandes retos es la sustentabilidad, y encontrar la forma de desarrollar un proyecto de infraestructura de tremendo tamaño con el mayor equilibrio entre lo económico, lo social y lo ambiental. He escuchado que será un tren a base de biodiesel, lo cuál me parece una medida adecuada, pero no será la única que debería tomar el proyecto en materia de sustentabilidad. Aquí un listado de lo que, con base en la experiencia, creemos que debería tomar en cuenta el Tren durante su proceso de diseño, construcción y operación:

  1. La coordinación interinstitucional, debe ser clave. Este sexenio que acaba vimos (en especial al inicio del mismo), una descoordinación terrible entre las instituciones que se dedican al turismo, al medio ambiente y al desarrollo social. Si bien es cierto esta coordinación mejoró mucho en los últimos años, los retos del desarrollo sustentable en turismo siguen siendo grandes. Y principalmente me refiero a la relación coordinada que deberán tener FONATUR, encargado del desarrollo del tren, con SEMARNAT, quien dicta la política ambiental y quien regula y da o no permisos para actividades. Así que deberán ir muy de la mano para evitar que haya conflictos entre lo que se quiere y lo que se puede.
  2. Eso me lleva al segundo tema: respeto a la legislación actual. Por supuesto el proyecto deberá contar con los estudios de impacto ambiental pertinentes, sus cambios de uso de suelo forestal, congruencia con los Programas de Ordenamiento Local donde existan, revisar las declaratorias tanto de ANP como de Zonas de Desarrollo Turístico Sustentable y establecer fuertes medidas de compensación. Y pareciera un tema que hay que dar por sentado, pero habrá que tener un análisis muy puntual de aquellos instrumentos que aplican, si se contraponen o no, y como resolver estos posibles problemas. También considerar el impacto que el tren tendrá en ecosistemas tan frágiles como los ríos subterráneos o en selvas tan bien conservadas como las del sur de la Península de Yucatán.
  3. Pero no tan solo es considerar la legislación, sino ir más allá. Encontrar las mejores prácticas en el desarrollo de estas infraestructuras para que realmente sea un proyecto innovador y que busque día a día la sustentabilidad. ¿Qué tal una estrategia de neutralidad climática para el recorrido? ¿Qué tal integrar a los usuarios y turistas en el diseño, con una estrategia de co-creación? Opciones hay muchas, y el Tren es de esos proyectos que puede ser, además de útil, un modelo a seguir.
  4. Integrar a los involucrados en la toma de decisiones; en colaboraciones anteriores he hablado mucho del concepto de “licencia social” y de cómo los grandes proyectos a veces terminan siendo un fiasco porque no escucharon a sus grupos de interés, y porque no los tomaron en cuenta. En especial, estos megaproyectos tienen que considerar las poblaciones locales, que están compuestas, en muchos casos, por grupos indígenas que en los últimos tiempos no han sido tomados en cuenta en las decisiones de desarrollo regional. Hay que hilar muy fino en este tema.
  5. El Tren debe ser autosustentable económicamente y eso, por supuesto, implicará un esquema financiero que tenga ingresos tanto por el traslado de población local y turistas, como por concesiones de los servicios. Habrá que ser muy estratégico para privilegiar que las concesiones, si las hay, estén abiertas a la competencia y lograr, como en el caso de otras experiencias similares, que sean los mismos grupos locales quienes pueden tener acceso a estas concesiones. No veo, por ejemplo, un Tren Maya con una sucursal de Starbucks en su interior, por mencionar solo un ejemplo.
  6. Debe ser accesible; no tan solo en el sentido de estar diseñado con estándares de diseño universal, sino que pueda también ser utilizado por todas aquellas personas que quieran hacerlo; un sentido social debe privilegiar este recorrido, y asegurar que no solo quienes tienen la posibilidad de pagarlo, puedan disfrutarlo.
  7. Tendrá que asegurar la integración de diferentes productos y servicios turísticos a la ruta y en las estaciones, en especial a la oferta de turismo comunitario y local, lo que es todo un reto; deberá promover la libre competencia, y no imitar modelos como los de los hoteles y cruceros, donde se comercializan solo algunos productos privilegiados, los que más pagan, los que dan mejor comisión, dejando fuera a aquellos que no logran cumplir las condiciones del mercado “tradicional” de turismo.

En fin, que el reto es grande, pero yo estoy contento que tengamos ese tamaño de reto; estoy convencido que la idea es buena, que bien ejecutado podría ser ese impulsor del desarrollo local que muchos buscamos, y que con el acceso a información, tecnología, recursos, conocimiento y experiencia que hay hoy en la región no deberíamos más que ocuparnos de que este nuevo proyecto avance y se consolide, para beneficio de los pobladores locales, los turistas y las comunidades de la región.
Vicente Ferreyra Acosta