Vicente Ferreyra, director de Sustentur

Vicente Ferreyra, director de Sustentur


Llevo ya varios meses interesado en el tema de la inversión de impacto; para mí, desde que asistí hace un año al FLII ha sido un tema muy interesante, vanguardista y, en realidad, que me ha costado trabajo entender. Y quiero explicarles por qué a través de mi experiencia trabajando en ONG y en iniciativa privada.
Trabajé muchos años en organizaciones de la sociedad civil, tratando, desde esa trinchera, de cambiar la realidad del turismo en la Península de Yucatán, el país y el Arrecife Mesoamericano. Muchas batallas se ganaron, otras se perdieron (como pasa en todos lados) y otras aún están en juego.
Lo más complicado de trabajar en una ONG es el tema de la consecución de fondos; primero, porque si bien es cierto hay muchas oportunidades de financiamiento para iniciativas de conservación, desarrollo social, mujeres, sustentabilidad, y un lago etcétera, atraerlos no es sencillo.
Aún así, en mi último proyecto para ONG conseguimos recaudar, con un apalancamiento de $500,000 USD, una cantidad igual o mayor en un lapso de 3 años, nada mal para un proyecto de ecoturismo. Y si bien es cierto hubo mucho dinero invertido en el mismo, siempre habría un sufrimiento importante por lograr pagar los salarios de los especialistas que trabajábamos en el mismo.
Y si, porque conservar lleva trabajo, MUCHO trabajo, a veces bien pagado, pero en muchas ocasiones con estándares de salarios muy por debajo de lo que se paga en otros sectores como las ventas, la operación turística, la gestión empresarial.
Y en ocasiones sucede, que los procesos que llevan las ONG se pierden o se debilitan cuando se acaba el dinero disponible de los financiamientos, y entonces las estrategias de conservación y restauración, que son a largo plazo, se ven pospuestas e interrumpidas, y eso impacta en los logros y resultados.
También trabajé en la iniciativa privada, y parea la iniciativa privada, desde fuera. Y la verdad es que me ha tocado colaborar con empresas que realmente están comprometidas con hacer las cosas bien, y de las cuáles me he llevado un gran aprendizaje.
Aunque finalmente, como dice el dicho, business are business, y a muchas de las empresas tradicionales les interesa cuidarlo; muchas de ellas le han entrado al reto de la responsabilidad social y la sustentabilidad porque es una buena estrategia para cuidar el negocio: desde mejorar la reputación de la marca, ahorrar recursos al cuidar mejor sus insumos, acceder a otros mercados, disminuir los riesgos, presumir los logros, entre otros temas.
Muchas han apostado por la filantropía y por apoyar causas puntuales en épocas puntuales, o tener una filantropía más estructurada y de largo plazo, o entrar al tema del voluntariado corporativo, o hacer donaciones de los insumos que no necesitan, entre otras cosas.
Y son acciones que celebro, porque de una forma u otra, las empresas aportan a la sociedad, y si vemos el vaso medio lleno, generan beneficios a quienes los rodean.
Pero ¿saben algo? También llevo años monitoreando los ecosistemas y la calidad de vida de las personas que viven en las comunidades, y la conclusión es que ambos modelos, aunque funcionan para ciertas cosas, no son suficientes para cambiar al mundo.
Me ha tocado desgraciadamente ver ONG debilitadas hasta la extinción por decisiones gubernamentales (incluido el SAT), o porque la política de las agencias de cooperación cambia, o porque sus principales donantes deciden migrar el apoyo a otros temas.
Y me ha tocado ver programas empresariales de RSE y sustentabilidad caerse a pedazos cuando el jefe cambia, o cuando la empresa sufre una crisis y no tiene más fondos, o cuando el consejo de administración decide cambiar las reglas del juego.
Y la verdad, sigo con la idea de que debemos cambiar el mundo.
Y por ello, este tema de la inversión de impacto y el desarrollo de empresas sociales me gusta tanto, y aunque no estoy seguro de que sea la solución completa, si se que tiene una lógica interesante, y lo mejor del mundo sin fines de lucro y del mundo empresarial, unidos en uno solo.
Imaginen que pasa, cuando un emprendedor decide acabar con toda la basura de las playas, pero en lugar de crear una asociación sin fines de lucro, o fomentar un programa corporativo, crea un negocio que busca acabar con ese problema. O crea una empresa para que los grupos vulnerables tengan educación de calidad, o los ecosistemas se regeneren, o las comunidades rurales puedan tener mejores condiciones de vida a través del turismo.
Es decir, empresas CON fines de lucro, pero que en su ADN y en su objeto social tienen como misión acabar con un problema ambiental o social. Que deciden más allá de ser asistencialistas, o disminuir sus propios impactos, generar impactos positivos, ambientales y sociales, al mismo tiempo que son rentables.
¿Hay alguna relación entre ganar dinero y reducir los problemas globales? En el caso de las empresas sociales sí, ya que, entre más dinero genere tu modelo de negocio, más alcance tendrás para resolver dichos problemas, más podrás escalar y replicar este modelo, y seguir teniendo impactos positivos.
¿Es esto la solución a todos los problemas del mundo? No, por supuesto que no.
¿Deben de dejar de existir las ONG y las empresas tradicionales? No, tampoco, ya que cada una juega un rol en la sociedad.
Pero, lo que sí sé, es que entre más emprendedores sociales de impacto tengamos, entre más empresas sean creadas con este fin de cambiar al planeta, y mas negocios se realicen con esta nueva forma de ver la economía, mejores resultados habrá.
 
Por supuesto que habrá sus riesgos, como lo hay en todas las empresas o las ONG (crisis, colapso de mercados, cambio de visión global), pero también habrá, como ya está pasando, mucho interés de inversionistas e instituciones por apostar a estos negocios innovadores y con sentido social.
Necesitamos más empresas que cambien al mundo.
@vicenteferreyra