“Las personas y su bienestar deben ser lo primero”

Con esta poderosa frase inicia la Declaración de la Organización Mundial del Turismo sobre el coronavirus (COVID – 19) dada a conocer el 17 de marzo de 2020. ¿Y si la adoptamos ya como un principio básico para todo lo relacionado con el turismo?

Viajes, nuevos desarrollos, promoción de destinos, diversificación de las actividades. Sin duda esta sacudida que nos está dando esta pandemia es una gran oportunidad para reflexionar y replantear formas y fondo. 

Desde hace años he seguido, estudiado, analizado y escrito sobre la evolución del turismo, el boom que ha tenido en los últimos años (se ha triplicado la cantidad de viajeros internacionales en solo 25 años), y su dinámica actual y futura.

En todas mis clases de licenciatura, diplomados y maestría hago el ejercicio con mis alumnos de revisar el crecimiento de las llegadas de turistas internacionales y siempre llegamos a la conclusión que el turismo internacional es muy resiliente: cuando hay un conflicto en algún destino el visitante deja de visitar el destino pero generalmente no deja de viajar, simplemente cambia de ruta.

Solamente en tres situaciones puede existir una disminución en el movimiento de turistas internacionales a nivel mundial: inseguridad y miedo (revisemos las estadísticas post 9/11 sumadas a los inicios de la Guerra de Irak), crisis económica (la caída de 2008 y en especial 2009 lo demuestran) y pandemias (2003 con el SARS es el claro ejemplo). Tal vez pensemos que hay más, como huracanes, tifones u otros fenómenos, pero esos generan afectaciones importantes a nivel local o regional, pero rara vez logran impactar a la baja la estadística global.

Hoy estamos en el tercer escenario, uno de esos que se da “muy de vez en cuando”, aunque probablemente por la dinámica global tanto natural como antropogénica pudiera llegar a ser cada vez más común. 

Este 2020, ya sea por convicción personal, porque las fronteras se han cerrado, los destinos así lo han decidido o porque los medios de transporte (aviones, cruceros) lo han dispuesto, reduciremos significativamente la cantidad de viajes a nivel global y el turismo interno. Sin temor a equivocamos hemos de decir que es un tema de seguridad planetaria.

En lo personal, me ha sorprendido mucho ver imágenes de ciudades como Venecia que hasta hace unos meses presentaba casos graves de sobredensificación turística, ahora sin personas en la calle; es atípico ver aviones que no van al tope de personasy salas de espera de mega aeropuertos generalmente con una dinámica de locura, con una calma poco habitual; es raro enterarse (como me dijo un alumno que ahora vive en California y trabaja para una cadena hotelera internacional) que las ocupaciones en algunos hoteles y algunas ciudades llegan apenas al 1%; si, de un hotel de 100 habitaciones, solo una está ocupada, o escuchar a ciudadanos de destinos tan exitosos como Holbox, pidiendo que se cierren los accesos a los visitantes.

Venecia en tiempos de Coronavirus. Foto: The San Diego Union Tribune

Quienes hemos vivido estos procesos de pandemia o de crisis tenemos muy claro que el sector turismo va a recuperarse; pasó en 2001, en 2003 y 2009 con las crisis globales, y más localmente en México después del AH1N1 y en Quintana Roo post huracán Wilma; pero también sabemos que habrá afectaciones graves, en diversos niveles y con diversos sectores de la población, en especial los más vulnerables. Y no hablo solo de aquellos adultos mayores o personas con alguna enfermedad crónica que son más susceptibles a los virus, sino también a aquellos vulnerables desde el punto de vista económico: aquellos trabajadores que menos ganan, a los micro, pequeños y medianos empresarios que dependen de esta actividad, a los freelancers que a veces no tienen ni contratos, ni seguros ni ingresos fijos, y que seguro sufrirán durante las próximas semanas y meses.

Esto que pasamos hoy no tiene sentido si no lo aprovechamos para acelerar las reflexiones sobre el modelo de negocio que tenemos como sector:

El turismo es muy importante para nuestros países, también es cierto que la dependencia de esta actividad hace que estas crisis se potencien al no tener alternativas de ingresos.

Recibimos millones de turistas, seguimos siendo dependientes de algunos mercados y, en situaciones como esta, el impacto en uno (o varios) de ellos desencadena crisis colectivas.

Vivimos del turismo, los ingresos y las ganancias se concentran en unos pocos, dado el modelo de intermediación, y en situaciones como estas los grandes corporativos tienen mayores posibilidades de replegarse y tener consecuencias menores (no es que no las tengan, por supuesto).

¿Dejamos de viajar?

Mi reflexión inicial es: por supuesto que no. A menos que las condiciones sanitarias nos lo prohíban y no haya otra opción, como pasa ahora. Yo aprovecharía estos días de “descanso obligatorio” para reflexionar la forma en la que entendemos el viaje y accionamos a partir de ese entendimiento. Todos jugamos un rol, y es importante entenderlo y cuestionarlo.

Como autoridades,debemos ser muy prudentes en decidir cuando y cómo tomamos decisiones de potenciar o no el turismo, y que tipo de turismo. No se trata solo de “hacer turismo” porque todos los demás lo hacen, porque se ve bien, porque genera inversión o divisas. La decisión es mucho más profunda, y ya sean funcionarios de turismo de municipios de 500 habitantes o de los destinos turísticos más importantes del mundo, vale la pena hacer la reflexión de para qué y para quienes queremos el turismo, y que consecuencias puede generar si se gestiona de forma inadecuada. Recomiendo muchísimo leer el informe “Destinations at Risk: The Invisible Burden”; nos ayudará a entender esos costos ocultos que a veces no vemos en turismo: https://www.thetravelfoundation.org.uk/invisible-burden/.Las personas y su bienestar deben ser lo primero; en este caso, la población de las comunidades donde se desarrolla el turismo.

Como empresarios (de cualquier tamaño), revisar los objetivos del negocio y alinearlos con el bien común; en teoría, a nadie podría interesarle tener un negocio exitoso en un destino deteriorado, inseguro, con problemas sociales; si bien es cierto el turista a veces se aísla de estos problemas cuando está en instalaciones turísticas, el costo para la empresa de mantener ese aislamiento llega a ser alto. Otro tema a repensar es ¿quiénes son mis colaboradores y cómo los estoy tratando? ¿Pago bien? ¿Les doy prestaciones? ¿Cumplo la ley? Esto último debería ser básico, pero sé de muchos casos de empresarios pequeños y grandes que, por ejemplo, ni siquiera están inscritos en el Registro Nacional de Turismo, o que sus guías no cumplen con la normativa federal.

¿Entonces? Hay una responsabilidad compartida que debemos cumplir. Si no, ¿para que sirve hacer dinero si pasamos sobre la ley y sobre los demás? Les comparto un libro magnífico que dimensiona uno de los graves problemas del sector: las condiciones de trabajo de las camaristas: https://icariaeditorial.com/archivo/libros.php?id=1560 Las personas y su bienestar deben ser lo primero; en este caso, las personas que hacen que el turismo se mueva, aquellos stewarts, camaristas, meseros, y demás personal de base que a veces vaya que la pasa difícil en su trabajo, y ni que decir lo que puede esperarles en una situación como esta.

Como sociedad civil, local, nacional e internacional, la responsabilidad de velar por un desarrollo sustentable es parte del ADN. ¿Realmente lo estamos logrando? ¿Estamos teniendo impacto con las acciones que realizamos? Mi experiencia trabajando con la sociedad civil desde hace muchos años me ha llevado muchas veces a reflexionar sobre el tema, y considero que se podría hacer mucho más.

Desde estar más abiertos y ser más empáticos con otros sectores, y verlos como aliados y no enemigos, esforzarse por comprender mejor el contexto local y no “cumplir” a rajatabla las políticas globales que a veces en el campo no son compatibles, conocer lo que hace el de al lado y no duplicar esfuerzos, y hacer más sinergia, muchísima más, para construir procesos de cambio colectivo y no solo proyectos con fecha de caducidad. Las personas y su bienestar deben ser lo primero; en este caso, los beneficiarios de las inversiones de la sociedad civil, ya que si ellos no mejoran su calidad de vida y no tienen un mejor medio ambiente, de poco sirven las intervenciones.

Como academia, habrá que cuestionarnos la manera en cómo estanos formando a nuestros jóvenes, futuros tomadores de decisiones del sector. ¿Les estamos inculcando valores relacionados con la responsabilidad que tendrán a futuro? ¿Los estamos haciendo ciudadanos globales capaces de gestionar esta cada vez más compleja actividad? ¿Están preparados para entender el turismo desde una perspectiva amplia, y no en los extremos del desarrollismo o el conservacionismo y proteccionismo a ultranza? Y por otro lado, ¿estamos generando investigación científica y producción académica que nos permita entender mejor la actividad? ¿Y la estamos acercando a los tomadores de decisiones? Las personas y su bienestar deben ser lo primero; en este caso, aquellos a quienes educamos y aquellos sobre los que investigamos y quienes deben ser los principales beneficiarios de nuestro trabajo.

Como comunidad local,necesitamos ser más subversivos, pero ojo, siempre con gran responsabilidad. Es muy fácil quedarse esperando a que los demás resuelvan y exigir que otros hagan de nuestras ciudades lo que nosotros buscamos en ellas. ¿De verdad? Si yo quiero tener un cuerpo sano, ¿espero que alguien más lo haga por mi? Lo mismo con las ciudades, en especial las turísticas. Necesitamos accionar, comprometernos, involucrarnos en la construcción de la ciudad que deseamos. Les recomiendo echar un ojo al documental Bye Bye Barcelona, para entender un poco que puede suceder en una ciudad rebasada por el turismo: https://www.youtube.com/watch?v=kdXcFChRpmILas personas y su bienestar deben ser lo primero; en este caso, nosotros los habitantes. Pero ojo, no esperemos a que nadie más lo haga por nosotros.

Como viajeros,debemos ser más conscientes de la forma en cómo tomamos decisiones de viaje y los procesos durante y después del mismo: ¿cómo nos transportamos? ¿A quienes les consumimos? ¿Cuál es la derrama de nuestro viaje? ¿Dónde se quedan los recursos que invierto en las vacaciones? ¿Cómo mi viaje afecta (para bien o para mal) a la comunidad receptora? En 2018, di una chala TEDx sobre el tema, por si les fuera de interés: https://www.youtube.com/watch?v=ior9gtZkjO0Las personas y su bienestar deben ser lo primero; en este caso, aquellos a quienes visitamos cuando viajamos.

¿Dejamos de viajar?

Mejor viajemos diferente, entendamos que esto que hoy sucede puede ser un llamado de atención importante y un detonador de cambio: primero un cambio interno, después en nuestra interacción con los otros, y finalmente en nuestro sector, que seguirá siendo noble y resiliente pero, que si no lo procuramos, algún día se puede estirar demasiado la liga y llegar a romperse, y eso si sería desastroso para todos.

Que tengan una productiva cuarentena.