El Camino Copalita, una iniciativa en la que literalmente se descubren a pie las bellezas naturales, ancestrales, culturales y gastronómicas de la sierra sur oaxaqueña, no solo se fortalece como ejemplo de desarrollo turístico sustentable en México, sino que busca en el largo plazo y con base en la visión integral del proyecto, convertirse en el equivalente al Camino de Santiago en España.
Es lo que queremos lograr, dice Manuel Rosemberg, al frente del proyecto, “no sé si se dará en cinco, 10, 15 o 20 años, pero la idea es que la caminata turística se prologue, parta del Golfo de México atravesando Veracruz y Oaxaca. Ya se ha caminado, ya está trazada, atraviesa 26 sitios arqueológicos y 10 ecosistemas distintos”.
Será el camino Inca, añadió, para venir a caminar los corredores culturales de México, que serían el equivalente al Camino de Santiago. “Creemos que el país por su buen clima, diversidad, gastronomía, cultura y vocación tiene el potencial y es a donde queremos llevar el proyecto”.

Destacó que con el plan habrá incentivos para disminuir la migración hacia Estados Unidos al generar empleo en las comunidades, proteger la biodiversidad, preservar las culturas indígenas y las comunidades agrarias que son las columnas vertebrales de México, “algo que debemos integrar a nuestro futuro y éste es un mecanismo que esperamos lo pueda lograr”, subrayó.

Camino Copalita es una empresa social que operan nueve comunidades agrarias de campesinos e indígenas zapotecas de la Sierra Sur de Oaxaca, ubicadas en la cuenca del Río Copalita. Unen esfuerzos para asegurar la conservación de la biodiversidad, la fertilidad de su tierra, la pureza de su agua y el buen manejo territorial.

A través de un esquema que se proyectó a profundidad, ofrecen un viaje de seis días para conocer cinco ecosistemas. El recorrido empieza en el cerro más alto del estado de Oaxaca y termina en una playa del Océano Pacífico en las afueras de Huatulco. Todo se hace a través de una caminata de 100 kilómetros que pone al visitante en contacto con la naturaleza y lo acerca a la vida y los valores de distintas comunidades.
El directivo señaló que a tres años de inicio de operaciones y bajo la premisa de un comercio justo en turismo, el 70% de los ingresos se lo quedan las comunidades. “Pagamos derecho de pernocta porque dormimos en su territorio, comemos su comida, tomamos su agua, nos bañamos en sus ríos, visitamos sus cuevas. El efecto económico secundario es la conciencia que genera consumir productos que benefician a comunidades agrarias”.
Sobre la gestación del proyecto, recordó que dentro de las prioridades se planteó una experiencia de inversión profunda, “no quería otras tirolesas más, otras cuatrimotos, no quería otra ruta más de bici, quería una experiencia en la que la gente entienda lo que significa la biodiversidad, el trabajo de campo, tenga oportunidad de platicar con los campesinos, de oír los pájaros, de oler las flores y la tierra, de sentir el campo mexicano; lo primero que queríamos es que esta fuera una experiencia cocinada lentamente, caminar el campo es la manera más certera de absorber el campo”.
La segunda prioridad era tomar en cuenta que el campo mexicano está trabajado por el humano, muchas experiencias de naturaleza tratan de ocultar la realidad… hay cafetales, cultivo, hay maíz, zonas de aprovechamiento y cuando el campo está bien trabajado es parte de su belleza, por eso era muy importante mostrárselo a los turistas.
Para el diseño de Camino Copalita también se tomó en cuenta la relevancia histórica y cultural. En México hay caminos reales, indígenas, prehispánicos que tienen 500, 700, a veces miles de años, y teníamos que aprovecharlos. “Hay vestigios arqueológicos, uno de los legados culturales más importantes del país, pinturas rupestres, petroglifos, y es algo que debemos encontrar, México sigue en buena medida no descubierto, hay que platicar con las comunidades para encontrar estos lugares y tratar de integrarlos al camino”.
También queríamos integrar la gastronomía, enfatizó, tan solo del maíz dijo haber contabilizado y comido 14 especies endémicas, plantas y frutas silvestres. “No solo había que encontrarlos sino rescatarlos, pues otra triste realidad en México es que se están perdiendo por el impacto Marinela y Barcel. Uno de los objetivos del proyecto es rescatar la tradición culinaria de estas comunidades y presentarlas a los viajeros”.
Mencionó que la última prioridad del diseño era que fuera un plan de bajo impacto, “no queríamos cabañas muy grandes que generaran deforestación, no queríamos materiales externos, no queríamos tener que armar una infraestructura hidráulica y eléctrica, queríamos bajo impacto con materiales locales, la meta que hemos cumplido es cero deforestación, y que cualquier infraestructura que construyamos esté perfectamente integrada al paisaje”.
Manifestó que un proyecto turístico no es una maquinaria, pues las expectativas van cambiando, la gente va cambiando, el campo va cambiando, el clima, la situación política y por ello requiere de ajuste constante.
Concluyó que el reto final, ahora que llevan tres años operando, es la concientización de los turistas y el cambio de paradigmas, que son muy importantes porque la intención es establecer una relación entre iguales. “Hay paradigmas muy tristes, como cuando la posición de los turistas que vienen a México es yo pago, a mí me sirves, yo soy el patrón, yo puedo exigir, cuando la realidad es que pago para costos y deben verse como hermanos con las comunidades. Explicar que la ausencia de bienes no es sinónimo de pobreza y la falta de educación formal no es sinónimo de ignorancia. Es importante educar a los turistas en torno a que tener dinero no te da poder”. (Redacción Sustentur)
Conoce la ruta en: Camino Copalita