«2020 es un año para olvidar«, he escuchado decir esa frase a muchas personas relacionadas con el turismo, sector que ha tenido uno de los impactos más fuertes a partir de la pandemia por el nuevo coronavirus SARS – COV 2.

Dos de las bases de este sector, la movilidad global y la migración temporal a otros países y regiones, se vieron fuertemente limitadas y los daños a las economías dependientes del turismo (como la mexicana) han sido muy fuertes. No hay duda de que vivimos la crisis más importante del turismo en su historia.

Y a pesar de que hay optimismo por la llegada de la vacuna y el inicio de su aplicación en diversas latitudes, la pandemia no ha terminado, y en algunos países (incluido México) parece que aún falta un largo camino por recorrer.

Según los datos consultados el 2 de enero de 2021, hay en el mundo 84 millones de casos, (24% solo en Estados Unidos) y 1,829,683 muertes (19% en el vecino del norte); México inicia el año como el país número 13 en casos (1,437,185) y el cuarto en número de muertes, con 126,507 fallecidos[1].

Al observar los países con mayores casos, que además son aquellos que encabezan la lista de viajeros internacionales, se entiende por qué uno de los sectores que más han sufrido de este impacto es justamente el turismo.

De acuerdo con datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), más de 197 millones de empleos en turismo y un estimado de $3.4 mil millones de dólares en el PIB mundial podrían perderse como resultado del colapso del turismo internacional por COVID-19[2].

De acuerdo con datos de octubre de 2020 del Barómetro de la Organización Mundial del Turismo (OMT) sobre el turismo mundial, las llegadas de turistas internacionales disminuyeron 70% en los primeros ocho meses de 2020 con respecto al mismo período del año pasado. Se registraron las peores caídas en julio (81%) y agosto (79%), que son tradicionalmente los dos meses más activos del año y el pico de la temporada de verano del hemisferio norte.

La disminución en enero-agosto de 2020 representa 700 millones menos de llegadas de turistas internacionales en comparación con el mismo período en 2019, y se traduce en una pérdida de 730 mil millones de dólares en ingresos por exportaciones del turismo internacional, más de 8 veces la pérdida en 2009 bajo el impacto de la crisis económica mundial.

El índice de confianza de la OMT continúa en mínimos históricos. La mayoría de los expertos del panel de la OMT esperan un repunte del turismo internacional para el tercer trimestre de 2021 y un regreso a los niveles previos a la pandemia de 2019 no antes de 2023[3].

Pero a pesar de este panorama, desde mi punto de vista el año que se fue no es un año para olvidar, sino para recordar siempre. También ha sido un año de mucha reflexión, de mentes brillantes trabajando en conjunto y del lanzamiento de iniciativas como Future of Tourism o Turismo Reset que plantean nuevas maneras de ver, entender y conceptualizar esta noble actividad.

Sin duda el año 2020 nos deja muchas enseñanzas, pero también nos deja una serie de reflexiones sobre cosas que debemos “desaprender” para cambiar este modelo de business as usual que ya nos había dado algunos dolores de cabeza antes de la pandemia (como el overtourism) y migrar a un modelo más equitativo, justo y responsable, en todos los sentidos.

Desde estas líneas, comparto con ustedes algunas reflexiones de lo que considero que hemos aprendido y que debemos desaprender como una manera de replantearnos hacia donde queremos llevar el turismo en el futuro.

¿Qué hemos aprendido de esta crisis?

1.-A entender nuestra relación con la naturaleza de manera diferente. Hemos identificado al nuevo coronavirus como una “enfermedad zoonótica”, que se transmite de un animal a un ser humano. La causa fundamental se encuentra en el proceso de comercialización de especies de vida silvestre, pero también es un reflejo de nuestro impacto en la biodiversidad global. El efecto boomerang al hacer mal uso de los recursos naturales debe ser considerado en la nueva forma de hacer turismo; la biodiversidad puede ser una gran aliada, pero si no la integramos en las decisiones, también puede actuar en contra.

2.- Que necesitamos todos de todos, hoy más que nunca. Los países que han logrado sortear de mejor manera esta crisis, han sido aquellos donde el sector multilateral, público, privado, social, académico y comunitario han logrado avanzar juntos en una sola dirección. ¿Cómo se logra esto? desde el otorgamiento de créditos para proteger a las PyMEs, pasando por la implementación de protocolos globales, hasta generando iniciativas de recuperación con un enfoque interdisciplinar; definitivamente el turismo no puede volverse a ver de forma aislada.

3.-Que la información es poder, y debemos entender mejor los datos. En lo adelante debemospensar no solo en el forecast sino también en el nowcast; la velocidad en que está cambiando el mundo, en que se levantan y vuelven a instalarse las restricciones, los cambios de timón en algunos mercados e incluso las mutaciones del coronavirus, nos han llevado a darle un mayor valor al análisis de datos; a corto plazo hay que tomar decisiones mucho más rápido que nunca, y hay que prepararse para ello.

4.-Atender protocolos, capacidades y reglas. Pasar del overtourism al no-tourism nos ha hecho darnos cuenta que si bien necesitamos de visitantes para mantener esta actividad viva, también es importante determinar hasta donde se puede o no se puede crecer o atender a los visitantes; considero que es tiempo de aprovechar este ejercicio de poner y de atender reglas cuando viajamos para no regresar a tener destinos saturados, donde el daño generado por los visitantes atente contra la propia salud de los destinos y las personas que ahí viven.

5.-A que las personas y nuestra salud son lo primero. Es extraño que este, que debe ser un principio fundamental del desarrollo del turismo lo hubiéramos dejado tan olvidado durante tantos años. El COVID – 19 ha venido a recordarnos que si no tenemos personas sanas simplemente esta actividad no funciona. Aún falta mucho por hacer para lograr un sector donde sea el pleno desarrollo del ser humano, como persona y ciudadano, lo que debe constituir el objeto esencial de toda acción de desarrollo turístico, como propone la Organización Internacional de Turismo Social en la Declaración de Montreal desde hace 20 años[4].

A casi un año de declarada la pandemia nos queda mucho más por aprender, pero esta lista pretende llevar a la reflexión y para que en lo individual, cada persona pueda documentar sus propios aprendizajes.

Hay otro lado que también quiero explorar en este texto. Decía Alvin Toffler (citando a Gerjuoy) en “El Shock del Futuro” a inicios de los años 70’s, que Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.

Este año, en lo personal, ha sido un año de desaprender muchas cosas y de dejar algunas ataduras para poder replantear formas y fondos. En turismo, considero que debemos hacer lo mismo, dejar de pensar en este sector como lo hemos visto hasta ahora y olvidar algunos paradigmas que no son necesariamente sanos para la actividad y quienes formamos parte de ella.

Yo pienso en esto que debemos desaprender como una serie de propósitos a alcanzar como sector en este 2021 y en adelante, para lograr un mejor turismo.

Desaprendamos:

1.-A ver al turismo como una actividad de corto plazo. Y esto no significa dejar de verlo como un negocio rentable, sino a considerar que las inversiones en el sector no pueden seguir el esquema de, como en el caso de la minería, por ejemplo, explotar un sitio hasta agotarlo y luego ir por otro. En turismo, esta visión tiene implicaciones más allá de los recursos naturales, porque finalmente en los destinos turísticos se desarrollan economías locales y medios de vida donde hay personas que dependen de una actividad sana. En lo personal, me gusta el dictamen publicado en el Pleno de la Unión Europea en diciembre de 2020 llamado “Hacia un turismo más sostenible para las ciudades y regiones de la UE”. ¿Y si lo adoptáramos a nivel global?

2.-A seguir pensando que somos “la industria sin chimeneas”. Ni industria (de ello escribiré pronto un post con mi visión) ni sin chimeneas. Esta idea romántica de que el turismo “no daña” a los sitios donde se desarrolla está muy alejada de la realidad, y a mi me da mucha pena escuchar todavía a algunos políticos, empresarios y representantes de asociaciones repetir este dogma en pleno siglo XXI. No entraré a detalles de los impactos ambientales, sociales y económicos de esta actividad, pero sí hago un llamado a que realmente los consideremos y establezcamos estrategias para minimizar los impactos negativos y considerar impactos acumulativos en las decisiones de desarrollo, desde la planeación de los proyectos y procesos.

3.-A ver a las comunidades como el último eslabón en la toma de decisiones. Al contrario, las comunidades (rurales, indígenas, urbanas, de especialistas, académicas, entre otras) deben ser los principales beneficiarios del desarrollo turístico, y por ende, de su concepción y construcción. Durante años en nuestros proyectos, hemos sido muy respetuosos de la forma en cómo las comunidades quieren desarrollar su turismo, o incluso, cuando no quieren hacerlo y prefieren seguir con sus dinámicas locales. Pensemos que como funcionarios, empresarios, o miembros de la sociedad civil, tenemos una muy fuerte responsabilidad en nuestras decisiones, y estas deben ser construidas en conjunto con la población que sufrirá o gozará de los impactos del turismo.

4.-A financiar proyectos que no consideren la sustentabilidad. Instituciones multilaterales, banca de desarrollo, banca comercial, inversores de impacto y el sector financiero en general deben tener claro que el dinero invertido en los proyectos debe servir para mejorar la calidad de vida de las personas y los ecosistema donde se desarrollan. Debemos olvidarnos de inyectar dinero en proyectos turísticos desarrollados sin control en zonas con alta biodiversidad, en zonas vulnerables al cambio climático, en proyectos que no aportan a la economía local o que promueven prácticas poco éticas. Creo que la recién lanzada Política de Sostenibilidad Ambiental y Social de los proyectos financiados por BID Invest es un buen caso a analizar.

5.-A pensar que esto no nos volverá a pasar. Y tal vez sea una afirmación muy fuerte y espero no se malentienda; por supuesto que es mi deseo que no vuelva a pasar nunca algo como lo que hemos vivido, pero la tendencia en la degradación de los ecosistemas, el crecimiento de la población y los avances en la ciencia no nos exentan de volver a tener crisis, pandemias o impactos por fenómenos naturales o antropogénicos. Esta pandemia debe dejarnos claro que la gestión de crisis en el sector es BÁSICA no solo para tener un sector sólido, sino para tener un sector viable en el mediano y largo plazo.

Yo, como dice la canción “no olvido al año viejo”, un año que nos ha permitido reencontramos, estar juntos a pesar de la distancia, generar iniciativas interesantes, juntarnos a planear ese futuro que queremos y que nos merecemos, y a hacernos ver la importancia de la salud, la familia y el equilibrio.

Que este 2021 nos traiga aprendizajes y desaprendizajes, y muchas más oportunidades de estar juntos en este camino que no tiene vuelta atrás, el de la sustentabilidad.


Fuentes:

[1] https://coronavirus.jhu.edu/map.html

[2] To Recovery and Beyond, The Future of Travel and Tourism in the wake of COVID – 19, WTTC, September 2020

[3] UNWTO World Tourism Barometer, Volume 18, August / September 2020

[4] https://isto.international/wp-content/uploads/2020/02/Declaration-Montreal-ES.pdf