La actuación de Bad Bunny como figura central del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX no solo fue un momento histórico en la música y en la cultura popular, sino que también se perfila como una poderosa vitrina para el turismo de Puerto Rico.
Varios análisis han surgido alrededor de este fenómeno, poniendo al centro el beneficio o riegos para el turismo en la isla.
Exposición global de la cultura puertorriqueña
El show de 13 minutos transmitido durante el descanso del Super Bowl, uno de los eventos televisivos más vistos del mundo, mostró elementos icónicos de la vida y cultura puertorriqueñas: desde paisajes como campos de caña de azúcar hasta escenas cotidianas como puestos de piraguas y juegos de dominó, pasando por la emblemática “casita” boricua. Esta representación visual ofreció al público internacional una invitación directa a conocer Puerto Rico con todos sus matices culturales y paisajísticos.
A través de su puesta en escena, Bad Bunny presentó la isla como un destino vívido, colorido y esencialmente humano. Para muchos espectadores que quizás no conocían detalles sobre Puerto Rico, esta representación despertó curiosidad por explorar sus playas, su gastronomía, su música y sus tradiciones.
Turismo musical y cultural
La capacidad de Bad Bunny para atraer audiencias de diversos países crea un efecto de aspiración. Admiradores que vieron el medio tiempo pueden sentirse motivados a planear viajes para vivenciar en persona la cultura que el artista celebró. Esto es especialmente relevante para segmentos como turismo juvenil, aficionados a la música latina y viajeros culturales, que ahora perciben a Puerto Rico como un lugar “de moda” y lleno de autenticidad.
Puerto Rico como destino con identidad
Más allá de cifras económicas, la presentación colocó a Puerto Rico en el mapa global no solo como un destino de descanso, sino como un lugar rico en identidad cultural y creatividad artística, atributos que hoy en día son impulsores clave del turismo moderno.

La Casita antes del Super Bowl
La residencia de Bad Bunny en San Juan (“No Me Quiero Ir de Aquí”) ya dejó cifras económicas extraordinarias que sirven de referencia para proyectar el impacto de eventos globales como el Super Bowl: según un estudio de Gaither International, el ciclo de conciertos generó un impacto económico estimado de **hasta $713 millones de dólares para Puerto Rico, mucho más de lo previsto inicialmente.
Otra estimación sitúa el impacto directo e indirecto en un rango entre $400 millones y $750 millones considerando gastos en hospedaje, transporte, alimentos y ocio de los visitantes.
La plataforma Airbnb reportó que el movimiento asociado a los conciertos generó más de $560 millones de dólares en ingresos para anfitriones locales.
Esa actividad involucró a más de 10 000 anfitriones recibiendo a unos 550 000 visitantes de más de 100 países, demostrando cómo un evento musical puede dinamizar el sector turístico.
El turismo después del Super Bowl
Aunque no hay cifras definitivas publicadas aún sobre el impacto directo del Super Bowl 2026 en Puerto Rico, los datos anteriores sirven para proyectar posibles efectos: el valor publicitario de más de $200 millones en exposición global (solo por el show del Super Bowl) sugiere un fuerte potencial para que más viajeros incluyan a Puerto Rico en sus planes de viaje.
Eventos de este perfil no solo generan valor inmediato, sino que pueden impulsar el turismo cultural, gastronómico y musical durante meses o incluso años después de la exposición mediática.




