¿Odio hacia el turismo?


Vicente Ferreyra, director de Sustentur

En los últimos meses, se han suscitado manifestaciones en contra de los turistas que visitan las ciudades más icónicas del mundo, en especial aquellas del viejo continente; desde pancartas, marchas, e incluso en algunos casos ataques directos de parte de los “anfitriones”, todos ellos presos de lo que hoy llaman la turismofobia.

Pero, ¿en realidad estamos contra esta noble actividad que representa el 10% del Producto Interno Global, 7% de las exportaciones, que genera uno de cada 11 empleos en el mundo y mueve al año 1,235 millones de visitantes? ¿Y de una actividad que, bien gestionada, puede contribuir de forma importante a la conservación y al desarrollo social?

Definitivamente creo que no; sería una locura atentar contra un sector tan importante a nivel global, aunque en este momento son muchos más claros sus impactos negativos que positivos, que a veces nos cuesta evidenciar en lo local; en lo que sí estoy claro, es que estas manifestaciones de turismofobia están en contra de los abusos del turismo, y se dan en contextos en los que la evidencia de los mismos es clara y las afectaciones evidentes.

Imaginemos: usted vive en la misma ciudad donde vivieron sus antecesores desde hace varias generaciones: fueron pioneros, la han construido juntos, se preocupan por ella, pagan sus impuestos, se involucran en su mejora. Y de repente, esa ciudad empieza a volverse popular entre los turistas que se concentran en sitios específicos, tienen sus propias dinámicas y no generan problemas. Hasta ahí todo está bien, hay un equilibrio medianamente sano, o al menos, no hay invasión a lo que uno considera suyo.

Pero, ¿qué pasa cuando eso se transgrede?, cuando el costo de los productos y servicios se eleva, cuando llegan turistas en masa e invaden espacios públicos, cuando las obras ya no son para la población sino para el turismo, cuando tus vecinos de casa o apartamento, aquellos que conocías, rentan sus espacios y éstos se vuelven comunes y los inquilinos no respetan horarios, volúmenes, reglas básica, o cuando la vivienda que rentas se vuelve tan cara y tienes que salirte. Qué pasa cuando los espacios públicos se privatizan o se vuelven un Disneylandia para los turistas.

Ahí es donde empiezan los conflictos, y suena lógico, que los habitantes de estas ciudades – destinos vean a los turistas como sus principales agresores, como aquellos que han venido a cambiar su dinámica de vida, como aquellos quienes no son bienvenidos y a los que hay que expulsar de “nuestro” espacio.

¿Y eso es culpa del turismo? No, por favor. Defenderé siempre y en todo momento esta actividad que, insisto, es de las más nobles que conozco, detonadora de bienestar.

Entonces, ¿no hay “culpables”? Más que culpables, hablaría de responsables; y ahí entramos todos, porque el logro de un desarrollo sustentable es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros.

Nosotros como ciudadanos que nos volvemos apáticos y poco participativos; nosotros inversionistas que seguimos pensando en el negocio como hace décadas y no innovamos; nosotros los grupos sociales que radicalizamos (y ojo, no me refiero a defender los intereses sino radicalizar posturas); nosotros los funcionarios que actuamos de mala fe o lo peor, que no actuamos; nosotros los especuladores porque no nos importa degradar un sitio al máximo con tal de obtener una ganancia; nosotros los intermediarios que exprimimos al máximo al operador local; nosotros operadores locales que cedemos el negocio al 100% a los intermediaros; nosotros los encargados del marketing que seguimos creyendo que nuestra misión es solamente traer más turistas y no un mejor turismo; nosotros consultores que medimos la satisfacción de visitante y no del residente; nosotros los investigadores que tenemos información clave y no la compartimos; nosotros los medios que vendemos notas entre amarillas y rojas y no documentamos las acciones que generan bienestar; nosotros los guías que por obtener unos pesitos de más transgredimos las reglas y no vemos las consecuencias; nosotros turistas que muchas veces somos ignorantes de la situación local, y por llenar nuestro “bucket list” hacemos turismo irresponsable; nosotros, los directa o indirectamente involucrados con el turismo.

Así que les pido un favor: olvidemos la turismofobia; si leemos la definición de este concepto, una de las características de las fobias es un “miedo irracional hacia una situación concreta”.

Entonces, no seamos irracionales y no odiemos al turismo; tomemos nuestra responsabilidad y hagamos que los demás la tomen también, y convirtamos esto que sucede en una oportunidad para tener mejores condiciones en lo local (primero), mejores destinos y  mejores turistas.

*Vicente Ferreyra Acosta, director de Sustentur  Twitter: @vicenteferreyra/ LinkedIn: Vicente Ferreyra Acosta

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agosto 13th, 2017

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