La felicidad paradójica


Vicente Ferreyra, director de Sustentur

Hay momentos, personas, lugares, y libros que pueden llegar a dejar una huella profunda en nosotros; y estoy seguro de que esos son los que no olvidamos.

Y yo me acuerdo perfectamente; fue alrededor de hace 10 años, estaba por entrar al “tercer piso”, llevaba 4 años viviendo en Cancún, empezaba a involucrarme más en temas ambientales y sociales y comenzaba a tratar de entender y a analizar esto de que “no siempre más es mejor”.

Fue en un viaje a CDMX, después de una reunión de trabajo, que llegamos a una librería; yo, interesado por temas sociales y ambientales de fondo, decidí comprar tres libros de tres autores diferentes, todos ellos espectaculares: Sartori, Houllebecq y Lipovetsky.

El tercero, cuyo libro era “La felicidad paradójica”, me enganchó. Debí haberlo devorado (como siempre pasa con los libros que hacen click) en uno o dos días, y es que la lectura, crítica a más no poder, hablaba justamente de estos temas que ya rondaban en mi cabeza pero que no tenían nombre y apellido.

Ahí tuve mi primer acercamiento a la definición del hiperconsumo, a la búsqueda de la felicidad que hacemos en lo físico en lugar de en lo que realmente vale la pena (mucho de ello relacionado con sentimientos, emociones), y que definitivamente, nos lleva a una frustración porque nunca nos alcanza ni el dinero, ni el tiempo, para cumplir los estándares de “felicidad” que nos imponen los medios, las noticias, las marcas, nuestros semejantes.

Con el libro identifiqué una nueva especie, de la que decidí no formar parte, el “Homo consumericus”, que también es paradójico; porque tiene acceso a una cantidad importante de información, porque el mundo de hoy lo obliga a tener una mente más abierta y le abre un mundo de posibilidades, porque es más “libre” de tomar sus decisiones, pero, lo paradójico, es que también es cada vez más dependiente del sistema comercial.

Esta especie está cada vez más preocupada por los problemas globales, pero cuyas decisiones de compra no necesariamente son congruentes; busca el tener bienes por representar algo más que por satisfacer alguna necesidad real; vivimos en una era de esnobismo, donde el consumo de vuelve especializado y personal, para hacernos “pertenecer” a aquellos grupos donde nos dicen que “debemos” pertenecer.

Pero también, dice Lipovetsky (y tal vez eso fue lo que me marcó más), que hay esperanza, que podemos empezar a trabajar en una era no de hiperconsumo, sino de desconsumo (consumiendo realmente lo que nos satisface y agrega valor a nosotros, no a los demás), que podemos pensar en nuevas formas de producir, de intercambiar, de “evaluar el consumo y pensar en la felicidad”.

Que en el futuro (que tal vez empiece a ser hoy) habrá una nueva jerarquía de bienes y valores, que el lujo será menos en infraestructura y más en experiencias, que tomaremos las cosas con calma, y que la sociedad del postconsumo no será otra cosa una sociedad que ya existía hace unos años, en la que nos preocupábamos, y nos preocuparemos, de la sociedad en su conjunto y del buen vivir.

Muchas cosas han cambiado desde hace 10 años que me encontré por primera vez con Lipovetsky; el mundo es otro, yo soy otro, la realidad es otra.

Pero hay algo que me quedó claro desde un inicio y que trato de llevar al día a día, y de replicar siempre que tengo la oportunidad. Los únicos que podemos generar un cambio somos nosotros mismos.

Desde adentro, repensando, replantéandonos las prioridades, rediseñando nuestro futuro, haciendo una nueva jerarquización de necesidades, volviendo a tomar el control de nosotros mismos, y encausando nuestras pasiones a temas positivos.

¿Se imaginan lo que sería si, así como invertimos horas, hacemos colas, gastamos dinero en el nuevo iPhone, nos preocupáramos y ocupáramos con la misma pasión de nuestros semejantes, del medio ambiente, de lo común?

Desde aquel día, soy otro, o al menos lo trato, y no es nada fácil. Y claro que quiero el nuevo teléfono y la camioneta último modelo, la “presión” de todos lados es constante y sonante, pero considero mis consumos en función de otros satisfactores: paz, tranquilidad, pertenencia, orgullo de lo nuestro, experiencias.

Aquello que realmente puede aportar a generar felicidad.

Lipovestsky viene a Cancún en marzo, a hablar del turismo en el marco del Sustainable and Social Tourism Summit, y yo, nada más de pensarlo, imagino que será uno de esos momentos que recordaremos por siempre.

Vicente Ferreyra, director de Sustentur @vicenteferreyra

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enero 24th, 2018

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